Visita

Objetos en resistencia: Ai Weiwei en Chile

por Marta Hernández Parraguez
Doctoranda en Filosofía mención Estética y Teoría del Arte
Universidad de Chile

Inoculación es el título de la variada y extensa muestra del artista chino Ai Weiwei que reúne, por primera vez en Chile, más de 30 de sus obras en la sala de exposiciones de la Fundación CorpArtes. La exhibición no solo consta de diversas piezas realizadas a lo largo de su prolífera trayectoria artística (como objetos, instalaciones, fotografías y videos), sino también una interesante intervención realizada ya previamente en varias ciudades del mundo, y que en esta ocasión irrumpe la fachada del edificio del Archivo Nacional en pleno centro de Santiago. Se trata de Safe Passage (2018), una instalación compuesta por cientos de chalecos salvavidas —aparentemente utilizados por algunos de los refugiados sirios que llegaron a Grecia— que cubren por completo los 10 pilares de dicho edificio patrimonial.

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Safe Passage. Fachada Archivo Nacional. Fotografía de Marta Hernández

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Detalle. Safe Passage. Fachada Archivo Nacional. Fotografía de Marta Hernández

Probablemente, lo más interesante de dicha intervención pública —y a diferencia de otras intervenciones urbanas recientes y de gran magnitud instaladas en el centro de Santiago— es que no se trata únicamente de una instalación que interrumpe el cotidiano habitar de la ciudad por sus colores, dimensiones y materialidades, sino que además nos remite, casi directamente, a un asunto político: la crisis migratoria europea. Y en efecto, ese parece ser el objetivo de este reconocido artista que no escapa en absoluto de la etiqueta de “activista político” que diversos medios le han asignado.

Ahora bien, aún cuando es precisamente este “carácter político”, o más bien, el carácter provocativo y directo de sus trabajos el que parece emerger en primera instancia cuando se habla de su obra —y más precisamente, de su figura—, debido en gran medida a su sostenida y pública oposición al régimen de la República Popular China, el marcado sello de su obra parece provenir de la forma en que transforma, construye y trastoca los objetos y materiales con los que trabaja, haciendo emerger allí su mayor potencial de resistencia. Mapa de China (2017), un mapa tridimensional que forma parte de esta gran muestra, es un claro ejemplo de aquello. Se trata de una obra hecha con múltiples fragmentos de madera de tieli o “madera de hierro”, un material usado en la fabricación de muebles pertenecientes a la dinastías Qing, que forman una pieza compacta que podría remitirnos tanto a la riqueza y el lujo de la China imperial, como al valor del trabajo artesanal que el desarrollo económico de China fue dejando atrás.

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Mapa de China. Fotografía de Marta Hernández

Ciertamente, es ese valor del trabajo artesanal, hecho a mano, el que muchos de sus trabajos ponen en obra. Y aunque la gran mayoría de sus obras no son hechas por sus propias manos, sino por las de artesanos chinos especialistas en diversas materialidades y técnicas, el hacer manual y el trabajo con materiales tradicionales de la cultura china es un elemento extremadamente presente en la obra de Ai Weiwei. Otro ejemplo de esto es la obra Esposas (2011), montada en la sala que da la bienvenida a la exposición, en la que dos juegos de esposas carcelarias hechas de jade y madera de huali, aluden tanto a los momentos en prisión vividos por el artista en el año 2011 debido a su manifiesta disidencia al gobierno chino y sus mecanismos de censura, como a la descontextualización y desfuncionalización de dichos objetos (como un ready-made) por medio de su materialidad: el tosco metal de las esposas originales se transforma y trastoca por medio de materiales preciosos y de alto valor económico y cultural para China.

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Esposas. Fotografía de Marta Hernández

En sintonía con estos objetos se encuentran Juguete sexual (2014) y Restos (2015), cuya reconstrucción en materialidades distintas a las que suelen asociarse cotidianamente nos invitan a preguntarnos, precisamente, ¿de qué están hechos? En el caso de Juguete sexual, se trata de objetos hechos de jade, y en el caso de Restos, de réplicas en mármol de osamentas humanas exhumadas desde un campo de trabajos forzados para intelectuales disidentes durante el gobierno de Mao Zedong en los años 50 (similar al que habría habitado Ai Weiwei en su infancia junto a su padre), y cuyo nivel de detalle nos confunde y nos hace creer que se trata, efectivamente, de huesos humanos expuesto en una vitrina.

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Restos. Fotografía de Marta Hernández

En una dimensión distinta, y hacia el final de la primera sección de la exhibición, se encuentra una nueva versión del tríptico fotográfico Dejando caer una urna de la Dinastía Han (2006), hecho esta vez de miles de piezas de lego en escala de grises en la que el conocido registro que muestra a Ai Weiwei dejando caer al suelo una vasija china de gran valor patrimonial se reconstruye por miles de estos pequeños fragmentos (2016). No obstante, en esta ocasión lo que más impresiona es el meticuloso trabajo de calce de los miles de legos que reproducen miméticamente las imágenes fotográficas originales con una material totalmente contemporáneo y lúdico.

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Dejando caer una urna de la Dinastía Han. Fotografía de Marta Hernández

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Detalle. Dejando caer una urna de la Dinastía Han. Fotografía de Marta Hernández

Avanzando por las salas y encontrándonos con papeles murales, documentales y obra monumental y “directa” como Ley de viaje (prototipo B) (2016), nos encontramos, finalmente, con la conocida instalación Semillas de Girasol (2010) expuesta inicialmente en la Tate Modern de Londres en el año 2010, y en la que 15 toneladas de semillas de porcelana hechas a mano por cientos de artesanos chinos, nos reciben como en un campo invitándonos a pensar, nuevamente, en el valor del trabajo manual y en la aparente contradicción entre lo que cotidianamente pensamos de la producción de objetos en China (objetos producidos en serie y de baja calidad) y el trabajo único e irrepetible de cientos de artesanos que logran hacer manifiesta la identidad de la cultura china por medio de estas piezas. A pesar de que dicho campo de semillas no puede ser pisado ni tocado por los visitantes, no deja de impresionar no solo la cantidad de diminutas piezas dispuestas en el piso de la sala, sino y sobre todo, el hecho de que ninguna es exactamente igual a la otra.

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Semillas de Girasol. Fotografía de Marta Hernández

Continuando el recorrido hasta los últimos rincones de la sala que nos conduce a la salida, los trabajos hechos a mano siguen apareciendo, pero también algunos esbozos de la obra del padre de Ai Weiwei, Ai Qing, como uno de sus diarios de vida o uno de sus poemas sobre Chile realizado en la década de los 50 durante su visita a nuestro país.

Para concluir, una posible interpretación ante este recorrido a través de las obras del artista chino no podría sino terminar con una reflexión en torno a la seductora tensión que su obra sigue generando respecto, no solo de la cultura oriental y la occidental, ni solo respecto de los procesos de producción manual e industrial, sino también respecto de aquello que hace, finalmente, a una obra política: no tanto su directo mensaje en contra de los órdenes establecidos —como mensajes en contra de la censura o de las políticas migratorias de las naciones—, sino el modo en que las mismas obras, con sus materialidades y sus procesos de construcción particulares, nos invitan a detenernos y a resistirnos al curso del tiempo y el espacio establecidos.

Fachada Archivo Nacional de Chile
Ubicación: Miraflores 50, Santiago Centro
Horario: Todo el día/noche hasta el 23 de julio

CorpArtes
Ubicación: Rosario Norte 660 Nivel -2, Las Condes, Santiago
Horario: Martes a Domingo de 11 a 18.30 hrs.
Precio: Gratis de 11 a 14 hrs. Pago desde 14 a 18.30: Adulto $2000. Estudiantes, niños y tercera edad $1000.
Hasta el 9 de septiembre.