Entrevista

Encuadernación artística. Entrevista a Louise Bescond.

por Javiera Barrientos G
Editora del CECLI

Hace poco más de un año, tuve el privilegio de entrevistar a la encuadernadora francesa Louise Bescond en su estudio de la ciudad de Bruselas. Aceptó recibirme luego de intercambiar likes en instagram y largos correos poniéndonos de acuerdo en el día y hora de la visita. Con una actitud siempre risueña y deslumbrante, Louise me recibió y enseñó sus libros, herramientas y pensamientos en torno a un oficio que parece ajeno al mundo contemporáneo: la encuadernación de lujo. Entretejida en su historia personal, nos encontramos con reflexiones sobre materiales, técnicas, tiempos y el siempre intenso sentimiento que nos embarga a los amantes de los libros cuando estamos frente a uno que se nos revela como obra de arte. Junto a la egresada de la École Supérieure des Arts et Industries Graphiques Estienne y de la École Nationale Supérieure des Arts Visuels de La Cambre, hoy reflexionamos sobre el libro de lujo, su circulación, coleccionismo, fabricación y pertinencia actual.

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¿Por qué decidiste estudiar encuadernación?

Fue una casualidad. En París cursé el bachillerato en literatura, tuve clases de inglés, latín, griego y también de artes plásticas porque siempre me gustó hacer cosas con las manos. Al finalizar el primer año el profesor de arte me contó que podía entrar a una clase preparatoria en artes aplicadas. Era una escuela pequeña, solo había 25 cupos para las cientos de personas que postulamos. Pensé, ‘Okay, voy a darle una oportunidad. Si quedo me dedico a esto y si me rechazan entro a la universidad y estudio algo relacionado con literatura”. Y quedé. Eran clases preparatorias así que trabajábamos en creación textil y comunicación visual. A mí me gustaba la clase de historia del arte y dibujo, pero el resto no me atraían particularmente por lo que busqué otra escuela en París a ver qué podía hacer después de ese año. Fue entonces cuando me crucé con la especialidad de encuadernación de la École Estienne y pensé “¡Wow, esto es lo que quiero hacer!”. Presenté mi examen de admisión y quedé. Eran dos años. Ahí tienen una actividad que se llama Open doors days (‘Puertas abiertas’) donde presentan los exámenes finales de los estudiantes egresados de años anteriores. Son cientos de libros porque es una escuela muy antigua que se especializa en encuadernación artística. Hay muy poca encuadernación histórica, en su gran mayoría son creaciones contemporáneas. Era un trabajo artesanal y creativo conectado con la literatura. El primer año fue muy difícil pero una vez que salí sabía que me quería dedicar a la encuadernación artística (design bookbinding), no a la encuadernación corriente (current binding) ni a la encuadernación semi-refinada (half-refined binding). Estas formas de hacer libros también son artesanales pero no tienen el mismo nivel de refinamiento que la encuadernación artística.

Encuadernaciones para bibliotecas y librerías, quizás…

Sí, pero también para pequeños coleccionistas. Estas encuadernaciones no pueden costar más de 150 euros y generalmente el encuadernador trabaja con tela, hace álbumes fotográficos familiares. También sabía que no quería ser conservadora ni restauradora de libros.

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¿Cuántas personas entran a la École Estienne por año?

12 personas.

¿Con qué libros trabajaste mientras estudiabas ahí?

El primer año teníamos ejercicios en los que todos los estudiantes trabajaban con el mismo libro. Eran libros que no se vendían y las editoriales, en lugar de descartarlos, los entregaban a la escuela para que trabajáramos con ellos. No eran libros interesantes pero eran útiles para aprender a encuadernar plena tela o media pasta con esquinas. Luego, para el examen de egreso debías elegir un tema y con él tres libros cuyo contenido y diseño concordaran con el tema. Para ello uno compraba un libro y la escuela otro; esto permitía que los estudiantes trabajaran con libros hermosos, ediciones originales. No eran libros realmente caros pero cuando tienes 22 y estás trabajando con un libro que cuesta 200 euros te sientes privilegiada. La escuela se queda con los libros una vez que están encuadernados y los exhibe cada año durante la semana de ‘Puertas abiertas’.

Y luego…

Luego decidí venirme a Bruselas, donde estudié un master en encuadernación en la École Nationale Supérieure des Arts Visuels de La Cambre.

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Calques pour À la recherche du temps perdu, Paul Bonet & Robert Cochet, vers 1950-1951. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Calques pour À la recherche du temps perdu, Paul Bonet & Robert Cochet, vers 1950-1951. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Calques pour À la recherche du temps perdu, Paul Bonet & Robert Cochet, vers 1950-1951. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Calques pour À la recherche du temps perdu, Paul Bonet & Robert Cochet, vers 1950-1951. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

Y nunca te fuiste.

Nunca me fui. El día que llegué me sentí en casa. Viniendo de París te das cuenta que, aunque es una ciudad grande, en Bruselas tienes espacio, hay menos autos, el arriendo es más barato, hay personas de todas partes del mundo. Aquí conocí a mi pareja, pero incluso soltera me hubiese quedado.

¡También nos ha encantado Bruselas! Cuéntame, ¿cuál de todos los libros que has hecho es tu favorito? 

Ah, ¡qué difícil pregunta!

Sé que debe depender de muchos factores, pero si tuvieras que elegir…

Depende, porque una cosa es cuál es el libro que más me ha gustado hacer y otra cosa es cuál es mi diseño favorito. No es la misma pregunta.

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René Leÿs, Victor Segalen, Éditions Crès et Compagnie, 1922. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

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René Leÿs, Victor Segalen, Éditions Crès et Compagnie, 1922. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

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René Leÿs, Victor Segalen, Éditions Crès et Compagnie, 1922. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

Tienes razón. Yo preguntaba por el diseño.

Me encanta el René Leÿs, una novela que transcurre en la Ciudad Prohibida, porque fue la primera vez que hice un diseño tan preciso. Esperé a tener todo el libro listo para tomar las medidas y dibujar el esquema. Fui a la sección de China imperial de The Guimet Museum of Asian Art en París, un museo especializado en arte asiático, a mirar cada una de las piezas de mobiliario. Tomé fotografías, elegí patrones. Fue la primera vez que hice una investigación tan completa, quería que el libro se viera como una pieza de mobiliario chino. ¡Creo que fue la primera vez que cubrí TODO de oro! ¡El dueño del libro estaba muy feliz!

¡De seguro! También es una de mis encuadernaciones favoritas.

Esto fue el 2015. Luego de eso pasé por una meseta creativa y técnica. El libro estaba bien pero no perfecto. A pesar de que había salido de la escuela hacía 7 años, había muchas cosas que estaba haciendo de un modo con el que no me sentía conforme. Sabía que podía hacerlas mejor pero no sabía cómo. Ahí fue cuando conocí a Renaud Vernier, el mejor encuadernador de Francia según el Ministerio de Cultura el año 2000. Me tomó como aprendiz para un curso de formación rápida de tres semanas de duración. Todo mi trabajo cambió radicalmente a partir de ese momento. De este libro me gusta el diseño, el momento de mi carrera que representa, me gusta porque es una buena novela…

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Grandir, Pierre-André Benoît & Pierre Alechinsky, PAB, 1992. Écrin réalisé en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Grandir, Pierre-André Benoît & Pierre Alechinsky, PAB, 1992. Écrin réalisé en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

¿Siempre lees los libros antes de trabajar en ellos?

La mayor parte del tiempo lo intento. Lo hice por años. Si el cliente tiene un requerimiento específico, no lo hago. Lo hice sistemáticamente hasta este año: ahora tengo demasiado trabajo.

¿Cuánto tardaste en hacer este libro en particular?

La verdad es que no recuerdo con exactitud. Quizás unas 80 horas entre el diseño y la confección.

Ahora voy a volver a la otra pregunta, ¿cuál ha sido el libro que más te ha gustado hacer?

Le Siège de Jérusalem. Es uno blanco con muchos puntitos pequeños.

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Le Siège de Jérusalem, Max Jacob & Pablo Picasso, Kahnweiler, 1914; Relié en 2014. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Le Siège de Jérusalem, Max Jacob & Pablo Picasso, Kahnweiler, 1914; Relié en 2014. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Le Siège de Jérusalem, Max Jacob & Pablo Picasso, Kahnweiler, 1914; Relié en 2014. Fotografía Hugo Julliot (c)

¿El que tiene los cantos dorados?

Sí, el dorado de los cantos pareciera comerse al resto de la encuadernación. ¡Me encantó trabajar en ese libro! Fue el primer libro realmente de lujo en el que trabajé. Fue hecho por Daniel-Henry Kahnweiler, el galerista de Picasso. Tiene tres grabados de Picasso y textos de Max Jacob. Estaba bien encuadernado pero el diseño era horrible. Le pertenecía al prestigioso coleccionista Pierre Bergé y no podía ser vendido con la encuadernación que tenía. El bibliotecario de la colección había asistido a una exposición de libros que realicé el 2013 y corrió el riesgo. Me dijo “Este libro vale más que una casa y vas a trabajar en él”. Me encargó dos libros, este y Oda a Walt Whitman de Federico García Lorca. Para el libro de Lorca hice un diseño otoñal con colores y texturas, pero para Jèrusalem vi el domo de Jerusalén. Como el libro era tan caro pude darme el lujo de invertir mucho tiempo en él. Durante tres meses dejé todos los demás proyectos que tenía de lado y solo trabajé en estos dos libros, cosa que nunca hago. Realmente me gustaban. Fue un punto de quiebre en mi carrera. ¡Cuando terminé esos libros mi cliente estaba feliz! Antes de que los pusieran a la venta muchos coleccionistas fueron a ver los libros y varios de ellos me contactaron con encargos posteriores.

¡Qué increíble cuando el trabajo habla por sí mismo! En febrero de este año (2017) montaste una exposición, ¿no?

¡Sí!

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Le Mirouër de la Rédemption, Lumain Lignaige, Mathias Huss, 1483. Relié en 2016. Fotografía Hugo Julliot (c)

¿Me podrías contar sobre esa experiencia?

Fue co-organizado por Michel Scognamillo, el gestionnairee du collection de Pierre Bergé, las personas de Sotheby’s y Philippe Luiggi, uno de los vendedores de libros que me ha dado trabajo desde el 2011. Fue una experiencia increíble a pesar de haber sido muy corta, duró cuatro días y fue ¡muchísimo trabajo! Fue maravilloso juntar todos esos libros. Teníamos 47 encuadernaciones de las cuales 15 estaban a la venta y el resto las tuvimos que pedir prestadas a sus dueños. La más antigua era del 2010 y la más nueva ¡estaba recién salida de las prensas! A pesar de ser muy distintas entre sí, había una coherencia estética en la exhibición y eso me gustó.

¿Cómo fue mirar tu trabajo en perspectiva?

Pensaba “Ahhh, ¡verdad que hice eso! No me acordaba”. Elegí las encuadernaciones porque eran las que más me gustaban, pero soy muy estricta conmigo misma y mi quehacer. Creo que cualquier perfeccionista llega a un momento en el que deja de mirar su trabajo. Ver todos mis libros juntos me hizo pensar “Oh, no estaban tan mal después de todo”. Me hicieron viajar en el tiempo. ¡Vi la encuadernación del 2010 y la encontré horrible! No podía creer que me hubieran dado trabajo después de eso. Pero también recordé cómo era mi vida en ese momento: no tenía estudio, trabajaba desde mi casa, no tenía dinero y era mesera en un bar. Hice lo mejor que pude con lo que tenía. Es muy conmovedor ver lo que uno ha tenido que hacer para llegar a donde está.

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La encuadernación es un oficio en el que uno trabaja de la mano de otras personas.

Sí.

¿Con quiénes trabajas?

Mi dorador es Claude Ribal, lo conocí porque es profesor de dorado en la École Estienne en París. Yo trabajo aquí en Bruselas pero la gran mayoría de mis clientes están en París, cuando termino un libro lo meto a una maleta, viajo con él y se lo entrego a Claude para que rotule los títulos. El dorado de los cantos de mis libros lo realiza Jean-Luc Bongrain, dorador de Renaud Vernier. Yves Orbach es mi descarnador de cuero, vive acá en Bruselas y hemos trabajado juntos por 12 años. Es el único que queda en ese oficio. Es importante saber cómo se hacen cada uno de estos procesos pero son oficios en sí mismos y casi siempre los expertos sabrán hacerlo mucho mejor que uno. Puedes arruinar un gran libro con un título mal puesto. ¿Has dorado títulos alguna vez?

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Correspondance de René Char et José Corti, ensemble manuscrit, 1931-1982. Relié en 2015. Fotografía Hugo Julliot (c)

No, nunca. ¡Me encantaría pero me da susto!

Sí, porque tienes que hacerlo perfecto. Poner cada letra exactamente en su lugar, con la temperatura adecuada, la presión correcta. Para terminar de hablar de mis compañeros de trabajo, quisiera hacer mención de Marianne Corté, ella es grabadora e impresora en seda. Trabajo con ella porque me ayuda a traspasar mis dibujos y diseños a placas metálicas para luego imprimirlas en el cuero con el que cubriré los libros. Es un trabajo que podría hacer yo misma pero, al igual que con los demás oficios, es mejor que lo haga un experto. Además, ¿dónde voy a poner las tinas de ácido acá en el estudio? En cambio, voy a su taller a ver las placas, discutimos el espesor del grano, la indentación y otros detalles. Ella es muy importante en mi trabajo. Ninguno de mis libros existiría si no fuera por Marianne.

Eso es sumamente interesante ya que este tipo de reproducción convierte a tu trabajo a la vez en algo único y serializable. Imagino que con cada placa puedes hacer más de un libro.

Sí, pero la mayoría de las placas están diseñadas solo para un libro, como el René Leÿs. Si alguna vez vuelvo a tener una copia del mismo libro en mis manos y su dueño quiere el mismo diseño no estoy segura de poder utilizar la misma placa ya que puede que el tamaño y el grosor del libro no sean exactamente iguales. De todos modos, también trabajo con placas de patrones orgánicos que utilizo más de una vez y en la medida en que se gastan las vamos replicando.

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Entonces tienes dos tipos de placas, unas reutilizables y otras que son para diseños irrepetibles. ¡Me encantaría verlas!

¡Por supuesto! Las guardo todas. ¡La próxima vez que me mude va a ser muy difícil! Me gusta guardarlas como archivo. Es bueno poder explicar por qué un determinado libro se ve cómo se ve y, quién sabe, tal vez algún día vuelva a utilizarlas.

¿Das clases?

No. Solía hacerlo. En tiempos de vacas flacas, cuando acababa de llegar a Bélgica, enseñaba iniciación a la encuadernación en preparatorias: 50 estudiantes, 3 horas, 3 encuadernaciones distintas. Era como los Juegos Olímpicos. Pero una vez que el trabajo como encuadernadora empezó a mejorar dejé de dar clases. Tengo suerte de tener tanto trabajo porque no necesito enseñar. No hago clases porque no necesito hacerlo. En todo caso, es un tema complejo para personas que comparten un oficio. Mi maestro, por ejemplo, tuvo un aprendiz joven cuando él recién tenía 40 años. Le enseñó todo lo que sabía y muy tarde se dio cuenta que había creado a su competencia. Su estudiante tenía mejores contactos, hablaba mejor en público, tenía mejores habilidades blandas y se hizo muy famoso. Esa historia me hizo hacerme preguntas porque solo tengo 34 años y una carrera por delante. Sé que es una perspectiva egoísta ya que no comparto mi conocimiento, pero creo que debo seguir mejorando y aprendiendo hasta que un día, cuando sea mayor y una mejor encuadernadora, pueda volver a enseñar. Soy consciente de que tengo esa responsabilidad con mi oficio.

Creo que gran parte de los encuadernadores y encuadernadoras latinoamericanos que conozco enseñan porque tienen que hacerlo. Obviamente les gusta y son excelentes profesores, pero incluso aunque quisieran, en la mayoría de los casos no hay suficiente mercado para vivir exclusivamente del oficio.

En Europa, particularmente en París, no sé si hay alguien que viva de la encuadernación sin dar clases. Estoy pensando en las personas que conozco y todos enseñan en escuelas, cursos de verano o clases particulares. Para enseñar, además, hay que preparar las clases y en este momento no tendría tiempo para ello. ¡Y encima de todo tienes que ordenar el estudio cada vez que vienen tus estudiantes!

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Corps et biens, Robert Desnos, Gallimard, 1930. Relié en 2016. Fotografía Hugo Julliot (c)

Cuéntame a qué encuadernadores actuales admiras.

¡Qué buena pregunta! Primero me gustaría disculparme ya que solo conozco encuadernadores europeos. Primero, por supuesto, mi maestro, que diseña unas cajas increíbles. Son cajas en pleno cuero y tienen sistemas de apertura impensados: ¡nunca se abren del mismo modo! Tiene un tipo de caja con forma de armario que cuando la abres se activa un mecanismo que levanta el libro por sí mismo. Me encanta el trabajo de Jean de Gonet. Exhibió su obra en la Biblioteca Nacional de Francia hace algunos años. No soy muy fan de sus estructuras ya que como cualquiera tiene sus problemas, pero me fascina su trabajo plástico: ¡la forma en la que utiliza las tinturas y la fineza de los materiales que ocupa! Acá en Bélgica me gusta mucho Hugo Liesen. Él enseña en la Acadèmie des Arts et Métiers, tiene un estilo muy belga y confecciona principalmente cajas y plenos cueros. También trabaja muy bellamente la piel de cocodrilo. ¡Se me quedan muchos en el tintero!

¿Cómo definirías la encuadernación artística?

Cuando me preguntan a qué me dedico y digo que soy encuadernadora piensan que trabajo con libros antiguos y no es así. Trabajo con libros contemporáneos. Lo primero que hago es confeccionar la estructura del libro. Solo fabrico encartonados de cinco soportes y algunos libros de tapa blanda. Son estructuras muy antiguas que todo encuadernador sabe hacer y ha intentado mejorar, especialmente en Europa. Una vez que la estructura está terminada diseño el exterior. Para ello propongo una lectura gráfica y plástica del libro. El libro es a la vez objeto y texto por lo que hacer una encuadernación de este tipo implica proponer un diseño que le haga sentido a tu cliente, a ti mismo como artista y, a la vez, sea una interpretación gráfica del libro en su totalidad.

En este proceso de interpretación gráfica, como lo llamas, además del grabado y el dorado, ¿trabajas con otras técnicas? ¿Decoras las hojas de guarda, por ejemplo?

Cuando tengo tiempo, sí. ¡Hago muchas hojas de guarda doradas! A veces imprimo el diseño exterior en las hojas de guarda, en la carpeta y en el estuche del libro. También me gusta usar pintura y tintura. Recientemente me embarré las manos en pintura acrílica y con eso decoré el cuero. Depende del libro pero generalmente trabajo con cuero de becerro, lo tiño y lo estampo. Me gusta rematar con oro o plata y voilà.

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Correspondance inédite (1870-1875), Arthur Rimbaud, Paris, 1929. Relié en 2014. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Correspondance inédite (1870-1875), Arthur Rimbaud, Paris, 1929. Relié en 2014. Fotografía Hugo Julliot (c)

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Correspondance inédite (1870-1875), Arthur Rimbaud, Paris, 1929. Relié en 2014. Fotografía Hugo Julliot (c)

¿Cuál es tu parte favorita al confeccionar un libro?

Me gustan cada una de las etapas, pero en cantidades limitadas. Lo que más me gusta de encuadernar es que cada paso es diferente al anterior. Algunos son muy activos y te obligan a estar de pie, llenar todo tu estudio (¡y a ti misma!) de polvo y usar mascarilla. En cambio otros, como el diseño o la costura de las cabezadas, son más pasivos y reflexivos.

¿Diseñas tus libros antes o después de finalizar la estructura?

Depende del libro. Como tengo mucho trabajo, mis clientes me entregan sus libros con bastante anticipación. Tengo libros en el estudio desde abril que devolveré en abril del próximo año. No he comenzado a trabajar en ellos pero están aquí, entonces comienzo a pensar en su diseño desde antes. Generalmente prefiero tener una idea muy precisa de lo que quiero hacer antes de empezar a coser pero a veces es imposible. Al menos me gusta tener claro el estilo con el que quiero trabajar. Si el libro tiene ilustraciones y pienso usarlas como parte del diseño tengo que planificarme con mucha anticipación: escanear las imágenes cuando los cuadernillos están descosidos, hacer los dibujos, entregárselos a Marianne, darle las medidas para que tenga tiempo de hacer la placa, etc. La parte más compleja es que a veces, aunque tengas una idea muy precisa de cómo quieres que se vea el libro, como trabajas sobre cuero, debes estar abierta a que pase cualquier cosa y a sacarle el máximo provecho a los errores.

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Le Mirouër de la Rédemption, Lumain Lignaige, Mathias Huss, 1483. Relié en 2016. Fotografía Hugo Julliot (c)

Por último, la encuadernación en el futuro. ¿Qué crees que le ocurrirá a la encuadernación artística en el futuro cercano y no tan cercano?

¡No tengo idea! Estoy muy sorprendida de ver a tanta gente aprendiendo a encuadernar por su cuenta estos últimos años, aunque sea una sencilla encuadernación copta. Si me hubieras preguntado hace diez años te hubiera dicho que este era un oficio en extinción, pero ya no. ¿Quizás es la moda de los scrap-books? Lo que sí sé es que no son los encuadernadores artísticos los que permiten que otros oficios en torno al libro sobrevivan, existen porque hay muchas personas haciendo libros como pasatiempo y eso me parece alucinante. ¡Era un oficio a punto de morir! Lo que no sé es qué va a pasar con los encuadernadores profesionales. Actualmente estoy trabajando en libros que yo misma no podría comprar. Como se trata de trabajos tan caros tienes que encontrar a personas suficientemente locas y que amen tanto los libros que estén dispuestas a comprar ediciones originales sobre las cuales quieran encargar diseños únicos. No sé si los coleccionistas de libros van a seguir existiendo. La encuadernación artística va a morir cuando muera el coleccionismo. Las personas con capital ya no compran libros; compran pinturas y fotografías porque los libros son bienes de consumo que no pueden exhibir…

Son más difíciles de exhibir…

Sí. En realidad es un nicho demasiado pequeño. Los vendedores de libros con quienes trabajo están siempre diciendo lo mucho que empeora el mercado. Son ellos quienes emplean a los encuadernadores porque quieren vender sus libros al mejor precio posible. Sus tiendas también funcionan como nuestras galerías y si ellos no tienen trabajo, cada vez va a ser más y más difícil para nosotros. ¡Por suerte he conocido a coleccionistas jóvenes! Sí tengo la certeza de que este oficio no puede ser realizado por máquinas. El placer de tener un objeto que es a la vez una obra de arte perfectamente confeccionada en tus manos es irremplazable.

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Me parece importante realizar exposiciones de este tipo de objetos para que las personas sepan que este oficio existe. Porque casi todos sabemos lo que es una pintura o una escultura, pero no todos vamos a saber lo que es una encuadernación de diseñador. Es bueno hacer visible el trabajo de jóvenes encuadernadoras y encuadernadores. Creo que las redes sociales son una gran herramienta en ese sentido.

El problema con las exhibiciones de encuadernación artística es que la gente no puede tocar los libros. ¡Los libros de autor están hechos para ser tocados! Cuando creas una encuadernación existe un adentro y un afuera, una carpeta, un estuche…

Es una experiencia…

Sí, estos libros están hechos para ser movidos bajo la luz y así experimentar cambios de color y textura. ¡Eso no lo puedes mostrar en una exhibición tradicional! Siempre debes elegir si muestras la tapa inicial o la final, si decides montar el libro abierto ¿en qué página? Y si lo dejas abierto entonces nadie va a ver el exterior del libro. Nunca hay suficiente espacio en las vitrinas para las carpetas y los estuches. Cuando abres la caja de un libro, cuando sacas el libro y lo abres, lo que obtienes es una experiencia teatral.

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Querelle de Brest, Jean Genet, ensemble manuscrit et tapuscrit, vers 1946-1947. Relié en 2016. Fotografía Hugo Julliot (c)


Las fotografías de las encuadernaciones de Louise Bescond fueron tomadas y pertenecen al fotógrafo Hugo Julliot. Las fotografías tomadas en el estudio de la artista pertenecen a la entrevistadora.