Nota

Presentación del libro ‘Tour revisado’ de Fernando Pérez Villalón

por Megumi Andrade
Integrante de La oficina de la nada

Para el Festival de Libro de Artista del año pasado, junto a Marcela Labraña y Felipe Cussen realizamos una pequeña exposición que titulamos Otros libros. Quienes asistieron, tal vez recuerden que el montaje consistió en seis vitrinas dispuestas en hilera, justo al centro de un transitado pasillo del Goethe-Institut. Cada vitrina tenía su propia lámpara, la que iluminaba con cierta solemnidad lo que permanecía protegido bajo el vidrio.

A pesar de que aquella fue la primera incursión de La oficina de la nada en el complejo mundo de la curatoría, la selección de los libros y su posterior distribución no fue para nada azarosa. Al contrario, fuimos particularmente meticulosos en ese aspecto. Las vitrinas 1 y 2, por ejemplo, exhibían trabajos realizados a partir de la apropiación de textos preexistentes. Las 3 y 4, distintas experimentaciones en formas de escritura ilegible. La 5, libros colaborativos, y la 6, publicaciones realizadas con materiales poco convencionales. Toda esta explicación estaba contenida en un oficinesco texto en sala que escribimos para la ocasión, cuyas copias dispusimos sobre un atril.

La primera versión de Tour de Fernando Pérez fue seleccionada para formar parte de la vitrina 5, la que, como les comenté, reunía trabajos en los que la creación es concebida como una tarea compartida. A pocos días de la inauguración, el día 7 de septiembre recibimos un mail de Fernando cuyo asunto era «detalles». Para sintetizar, en su correo nos invitaba a repensar los datos de edición que habíamos incluido en la ficha de Tour. Esta indicaba: Fernando Pérez. Tour. s/edit. s/año. El amable alegato de Fernando apuntaba, fundamentalmente, a dos aspectos. Con su permiso, cito brevemente el correo al que estoy aludiendo:

1.

«Tour no tiene información de autor en la portada porque la idea era evitar ese protagonismo, y en cada ejemplar figuran los autores de “textos, idea, fotografía análoga”, “dibujos”, “diseño, registro análogo y digital” y “confección”, la idea es que esas dimensiones fueran equivalentes (aunque el hábito hace que yo tienda a figurar como autor) para poner en evidencia la colaboración».

2.

«Por otra parte, la fecha de edición está “escondida” en el timbre de la portada, que además del título del libro dice (en redondo “veintiseisdenoviembredosmilonce”)».

Sin acordarlo, con Marcela guardamos un discreto silencio luego de leer el mail de Fernando. Por supuesto, ese no fue el caso de Felipe, quien rápidamente respondió: «Querido Fernando, muchas gracias por las felicitaciones y también las observaciones, que nos obligaron a dejar todo de lado y reunirnos de emergencia todo el equipo de La oficina de la nada. Después de mucho analizar, elaboramos esta respuesta: (…)»

El segundo punto –que concernía a la ausencia de fecha de publicación– fue rápidamente replicado ya que, como criterio general de la muestra, la información de cada ficha la sacamos de los colofones o páginas legales de los mismos libros. El de Tour indicaba s/año. Pusimos s/año. Al primer punto –que aludía a nuestra impertinencia al haberlo elevado a la condición de autor– Felipe respondió de una forma que, si bien me hizo reír, no me convenció del todo. Luego de varios intercambios entre ambos interlocutores, la discusión no quedó zanjada. Los últimos correos terminaron con amenazas de nuevas arremetidas que, finalmente, nunca sucedieron.

Hace unos días recordé esta anécdota y tomé la decisión de presentar Tour revisado a la manera de un pequeño diálogo a destiempo con una discusión en la que solo participé como espectadora. Aclaro desde ya que mi intención no es contradecir ni poner en cuestión el deseo de Fernando Pérez de disolver su autoría. Lo que me interesa, más bien, es proponer algunas observaciones que nos permitan considerar aspectos –a mi modo de ver, relevantes– a la hora de pensar en la creación y puesta en circulación de formatos alternativos de publicación, en particular aquellos formatos que piensan su realización de manera colectiva.

Algunos de ustedes sabrán que la versión anterior del libro que hoy presentamos fue elaborada por el público que asistió al lanzamiento. Hoy no tenemos esa misma suerte (o infortunio, dependiendo de cómo se lo mire), ya que el libro está listo; es llegar y comprar. Esta versión del 2011 tiene 36 páginas, escogidas y combinadas aleatoriamente por sus lectores. Cada libro, que fue cosido a máquina en vivo y en directo por Martín Pinilla y Antonia Casali, configura una combinación parcial del libro completo.

Tanto Tour como Tour revisado incluyen el registro fotográfico de un diario de viaje, dibujos que Paula Dittborn realizó a partir de fotografías análogas tomadas por Fernando en distintos viajes, un texto que describe varias fotografías y fotografías de una serie de objetos recogidos en esos mismos desplazamientos.

En el caso de Tour, la propuesta de una autoría colectiva se pone en práctica no solo debido a que distintas personas participaron en la creación del material (además de Fernando, Paula Dittborn, Otros Pérez, Antonia Casali y Martín Pinilla), sino porque, como les conté anteriormente, quienes asistieron al lanzamiento fueron los que, literalmente, manufacturaron su propia versión. Como si eso no fuera poco, en lugar de lo que suele suceder en eventos de este tipo –en los que el autor lee un fragmento del libro que ha decidido poner en circulación– los asistentes fueron invitados a realizar una lectura coral de algunos fragmentos. Como describe Ana María Risco en el Epílogo de Tour revisado: «En esa oportunidad, los asistentes conformamos, siguiendo las instrucciones del convocante, un coro de frases entrecortadas que por un momento puso en el aire un placentero murmullo incomprensible» [1]. Me parece que el término «convocante» es bastante preciso para describir la labor que tuvo Fernando en ese lanzamiento. Efectivamente, se consiguió el espacio, invitó a la gente y entregó las indicaciones que, con mayor o menor torpeza, se siguieron al pie de la letra. Este interés por poner en primer plano los procedimientos y los materiales del libro por sobre la autoría –personal o colectiva– se refuerza por un detalle importante de la edición. Los libros convencionales acostumbran tener la página legal –o  créditos– al comienzo. En el caso de Tour, esta información se disfraza de colofón, retirándose, en cambio, hacia el final. Como pueden ver, se ubica en parte interna de la cubierta posterior.

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Se trata de un gesto bastante elocuente en relación a lo que les he mostrado. De alguna manera, me parece que con este desplazamiento se le entrega mayor importancia a la materialidad del libro: su tamaño y formato –tipo pasaporte-, las distintas combinaciones entre texto e imagen, la textura del papel, la tipografía, el tipo de costura, etc. No obstante, si nos fijamos en cómo está escrito y qué es lo que señala este breve texto, aparecen algunas complicaciones. Junto con ser un proyecto claramente colaborativo, en Tour existen, también, pequeñas marcas de autoría única.

A pesar de que no existe una convención respecto a cómo se deben disponer los créditos en la página legal, es usual que el autor y el título se ubiquen en la parte superior de la hoja. Como ven, su nombre aparece primero, lo cual inevitablemente y como por costumbre, le otorga un mayor protagonismo.

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Además, y este es el detalle más importante, se indica que Fernando Pérez estuvo a cargo no solo de los textos y la fotografía análoga, sino que también de la idea. Es decir, Fernando ideó Tour, a él se le ocurrió e hizo todo lo necesario para que el libro existiera. Claramente, si a él no se le hubiera ocurrido, el libro no existiría, y nada de esto estaría sucediendo.

Un último aspecto de esta primera versión, tiene que ver con su ISBN. Como probablemente sabrán, el ISBN es un sistema internacional de numeración e identificación de libros. Es un dato que se utiliza muchísimo en el comercio y en bibliotecas, y que funciona como una especie de carnet de identidad. Los que han solicitado un ISBN sabrán que para hacerlo es necesario rellenar un formulario que pide, entre otras cosas, título, autor, editorial y materia. Por curiosidad, fui a isbn.cl y en el buscador que ofrece la página introduje el número de esta primera versión de Tour.

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Como les decía al comienzo, mi interés no es poner en aprietos ni cuestionar el espíritu del proyecto; es sólo que estos detalles me parecen relevantes para pensar en formatos poco convencionales de publicación. Para su comercialización y clasificación, la puesta en circulación y/o venta de un libro requiere que este tipo de datos sean rellenados, clasificaciones que en muchos casos resultan demasiado estrechas o incluso irrelevantes. Luego le podremos preguntar a Fernando por qué escogió «poesía chilena» y no otra categoría, lo cual, me imagino, es un problema que da para tanto o más que este enredo de la autoría. Por ahora, continuemos con lo nuestro.

Aparentemente, Tour revisado es una publicación más «normal» que la versión del 2011. Todo esto lo podrán revisar con calma pero se los comento brevemente. A diferencia de la primera versión –en la que aparecía solo el título y la fecha– la portada y la portadilla de Tour revisado indican el nombre del autor.

En lugar de estar al final, la página legal se encuentra al comienzo.

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Y el libro cuenta, además, no solo con una reseña biográfica sino que con una «Nota del autor».

Toda esta información nos podría hacer pensar, entre otras cosas, que el intenso intercambio epistolar entre Fernando y Felipe, tuvo efectos decidores. Sin embargo, la cosa no es tan así. No es así por, al menos, tres motivos: la invitación al lanzamiento; la página legal (o de créditos); y los materiales de Tour que se exhiben en esta exposición.

La invitación al lanzamiento

Tanto el evento en Facebook como el mail que envió a sus amigos y conocidos anuncia: «lanzaremos “Tour revisado”, una nueva edición del libro publicado originalmente el 2011, con textos de Fernando Pérez, dibujos de Paula Dittborn y diseño de Otros Pérez». Con esto, nos indicaría que el libro sigue siendo colaborativo, y que sus responsables son tres.

La página legal (o de créditos)

En cuanto a la página legal, desplaza su nombre desde el primer al tercer lugar. Y, lo más importante, elimina la palabra «idea». Solo declara haber realizado el texto y las fotos análogas, lo cual en algún punto implica una retirada.

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Algunos de ustedes podrán pensar que estoy siendo demasiado quisquillosa o que me estoy pasando rollos. En mi defensa, tengo motivos para pensar que estos detalles no son menores para alguien tan meticuloso como Fernando Pérez. Al igual que con la primera versión, fui a isbn.cl e introduje el número ISBN. Para mi sorpresa, en la entrada «autor» no está solo sino que lo acompaña nada menos que Paula Dittborn:

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Como saben, la diagramación es un aspecto muchas veces central cuando pensamos en libros objeto, libros de artistas y fotolibros.  ¿Qué pasó con Otros Pérez?, me pregunto. ¿Un diseñador –o un equipo de diseñadores– no puede figurar como co-autor de un libro? Para el ISBN, al menos, esa información no es relevante.

Finalmente, el montaje.

Los materiales de Tour que se exhiben en esta exposición.

A propósito de este lanzamiento, invitamos a Fernando a exponer en esta galería algunos materiales relacionados con Tour. Como podrán ver, en una vitrina se exhiben ejemplares de la edición original, diarios de viaje, folletos, boletas, distintos objetos y fotografías análogas a partir de las cuales Paula Dittbon realizó una serie de dibujos.

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Hace unos meses estábamos conversando con Grace Weinrib, una querida amiga de la Oficina de la nada, en torno a cómo ibamos a enfrentar nuestra labor de incipientes curadores. En esa reunión, Grace nos advirtió que tuviéramos cuidado con poner obras en vitrinas y también en las paredes, ya que entre ambos espacios se podía producir una relación compleja en términos de protagonismo y jerarquía. Muchas veces, comentó, se asume que lo que se encuentra en una vitrina es menor, en el sentido que ilustra o complementa aquello que cuelga de los muros. Es común, de hecho, que en numerosas exposiciones las vitrinas estén destinadas a exhibir bocetos, revistas o manuscritos, materiales que acompañan una selección de obras de arte. En el caso de Tour, entre la horizontalidad de la vitrina y la verticalidad de los dibujos se producen una serie de relaciones interesantes, que sin duda tensionan e incluso intensifican esta continua confusión autorial que hemos estado revisando.

Finalmente, hay un último detalle que, espero, se le haya escapado al autor. Cuando realizamos el montaje aquí en BECH, Fernando estaba de viaje fuera de Chile. Gracias a eso, tuvo que enviar sus indicaciones por correo (por supuesto, indicaciones bastante detalladas). Cuando fue el momento de montar su vitrina, estuve sola. Marcela se encontraba haciendo clases y a Felipe lo habíamos mandado a comprar materiales en distintas librerías de Providencia. Obedientemente, tomé mi celular para recordar cuáles eran los pasos a seguir. El mail decía:  «Mi propuesta para mostrar este conjunto de cosas es la siguiente: componer al azar (pero no tanto) la miscelánea de papeles e imágenes, idealmente debajo de una mica o vidrio, y encima poner los timbres, libros y libretas originales, y fotos».

El montaje es una forma de ensayo, dice Paulo Pires do Vale. Es una forma de escritura; una escritura que se realiza con la mano izquierda. Me tomé en serio el «no tanto» del mail de Fernando y, en la soledad de mi labor, asumí secretamente la libertad de hacer pequeñas composiciones. Los numerosos carnet de biblioteca fueron mis elementos favoritos, los que, junto al resto de los materiales que habían quedado a mi cargo –textos e imágenes de distinas procedencias– hice mi propia versión de Tour. En ese momento lo pensé como algo divertido –era como jugar a la decoradora de interiores dentro de una vitrina– pero después me di cuenta de que, sin saberlo, le estaba dando la razón a Fernando y su esquiva poética del desplazamiento.


*Este texto fue leído en el II Festival de Libro de Artista, el día 25 de agosto a las 12 hrs. en la Galería BECH de Santiago.

[1] Las negritas de esta y las otras citas son mías.