Nota

Hibridez y capital. Desde Carla Motto a Eliseo Diego.

por Camila Estrella
Artista e investigadora
Universidad de Chile

A partir del trabajo artístico de la chilena Carla Motto–particularmente de su proyecto Simbiosis del habitar que, en sus palabras, “pone en tensión la relación entre el hombre y la máquina o, visto de otro modo, reflexiona sobre la adaptación del hombre a los artefactos tecnológicos con los que convive a diario”-, aparecen ciertas ideas o reminiscencias que posibilitan una cierta lectura “poético-materialista” de él. Pensando en lo que sugieren los usos y desusos de las herramientas, en las deformaciones de los cuerpos en torno a las utilizaciones o al sometimiento de las maquinarias, de mayor o menor nivel industrializado, se llegan a visualizar – a modo de una rápida sinopsis- desde las primeras herramientas que conocemos del paleolítico, como las puntas de flecha, producto del golpe entre piedras, hasta el apogeo industrial, donde la relación hombre-máquina es una lucha cuerpo a cuerpo, en la que se respira el carbón y los mineros salen con los rostros negros de hollín tras la extenuante jornada en los túneles de la mina, ambiente que tiñe el imaginario de los cuentos de Dickens. Sin embargo, esa lucha cuerpo a cuerpo hoy en día es cada vez menos violenta; se diversificó, se automatizó. El cuerpo descansa y vive más, pero la mente se enferma y se pierde, continuando con la idea de alienación como consecuencia de una deformación de los procesos productivos.

Carla Motto, Simbiosis del habitar, 2016-2017

Convertirse en trozos de fábrica

Entendemos que el hombre se mimetiza con las maquinarias y su cuerpo es un eslabón de la producción, de la cadena del trabajo donde el capital del hombre es su tiempo carnal, físico, sus huesos, su carne. La energía que es capaz de dar cada cuerpo adquiere el valor de cambio contra el salario. En una lectura marxista ese cuerpo es máquina; ya no es visto como hombre ni menos como individuo reflexivo, sino como sinónimo de fuerza, de energía, de combustible. Es la misma mano de obra que construyó pirámides o movió embarcaciones.

O al ver las tipologías fotográficas de fábricas realizadas por los esposos Becher, esa arqueología industrial que es perseguida como una interrogante sobre las maneras de establecer igualmente una estética, pero que aparece esta vez desde el pragmatismo productivo. Las grandes moles llenas de tuberías se transformaron en esculturas tras su registro fotográfico, después de haber contenido al obrero en su interior, lugares que los cuerpos justamente venían a activar, la fábrica-hogar de los hombres- engranajes.

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Bernd y Hilla Becher, Aufbereitungsanlagen (Preparation Plants), 2008

Las herramientas todas del hombre

Y también es posible pensar inversamente, es decir, sobre la manera en que las herramientas son modificadas por el hombre, o de cómo lo humano expresado en el uso es imborrable de cada utensilio, de cómo nos encontramos frente a una eterna relación inseparable entre cuerpos y camas, cuerpos y sillas, cuerpos y bastones, cuerpos y paraguas, lentes, relojes, las herramientas todas del hombre, como versa un poema del cubano Eliseo Diego:

“Las herramientas todas del hombre” (Eliseo Diego, Poemas escogidos)

Éstas son todas las herramientas de este mundo. Las herramientas todas que el hombre hizo para afianzarse bien en este mundo.

Éstas son las navajas de filo exacto con que se afeita al tiempo.

Y éstas tijeras para cortar los paños,
para cortar los hipogrifos y las flores
y cortar las máscaras y todas las tramas y, en fin,
para cortar la vida misma del hombre, que es un hilo.

Éstas son las sierras y
serruchos —también
cuchillos, sin duda,
pero imaginados
de tal modo que los
propios defectos del borde sirvan al propósito.

plato

Fotografía de Camila Estrella

Y ésta es una cuchara que alude a los principios y a
las postrimerías y en resumen
al incalificable desvalimiento
del hombre.

Éste es un fuella para atizar el fuego
que sirve para animar al hierro
que sirve para hacer el hacha
con que se siega la generosa testa
del hombre.

Éste es un compás que mide la belleza justa
para que no rebose y quiebre y le deshaga
el humilde corazón al hombre.

Y ésta es una paleta de albañil con que
se allegan los materiales necesarios
para que sea feliz y se resguarde de todo daño.

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Fotografía de Camila Estrella

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Fotografía de Camila Estrella

Éstas son unas pesas, llaves, cortaplumas
y anteojos
(si es que lo son, que
no se sabe)
que en realidad no sirven para nada sino para
establecer
de una vez para siempre la sólida posición
del hombre.

Éstas son unas gafas que se han de usar para
mirar
si se ha hecho ya lo imaginable,
lo previsible, simple e imposible
para tratar de asegurar las herramientas
todas del hombre.

Y éste, en fin, es el mortero al que fiamos el menjurje
con que uniremos los pedazos, trizas, minucias y
despojos

si es que a las últimas y a tiempo, si es
que a las tontas y a las locas, si es que
a ciegas y al fin
no aprendemos a usar, amansar, dulcificar y manejar
las herramientas todas del hombre.

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Fotografía de Camila Estrella

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Fotografía de Camila Estrella

La simbiosis existente entonces entre el hombre y la técnica que creó, es una constante cultural y antropológica, nuestros cuerpos desnudos no son capaces de resistir al medio, ya no tenemos escamas, ni pezuñas, garras o filudos colmillos. La tecnología es producto de nuestra debilidad, es producto de llegar a suplir lo que el cuerpo no puede o ya no quiere realizar.

Apéndice sobre la película The Master, de Paul Thomas Anderson

El fotógrafo de cajón, que vuelve de la Segunda Guerra alcoholizado, tiene una postura encorvada definida por la altura de la cámara. Camina ya en esa postura, poniendo su mano en la espalda, delgado y ebrio. Está fuera de ese mundo que dejó antes de enrolarse. Su postura es una forma de dar cuenta de esa marginación, así como el hecho de realizar retratos. Observa, no participa, odia a quienes retrata y lo único que quiere es emborracharse, si es necesario, con los químicos del laboratorio. El cuerpo resiente la posición que la cámara le exige, el cuerpo se intoxica con el revelador y el fijador, el cuerpo se transforma para obtener los retratos de familia, el cuerpo se sacrifica para obtener imágenes. El esfuerzo de lo carnal, de lo físico, de lo real por la producción de un ícono, de un ideal.

The-Master-2

Fotograma de The Master, 2012.