Visita

Meteoritos–y pueblos–originarios. Visita al Museo del Meteorito.

por Loreto Casanueva
Editora de CECLI

San Pedro de Atacama es el destino turístico chileno más visitado. Hay quienes dicen que lo es las Torres del Paine. No importa la competencia, en todo caso. Caracoles, el principal paseo peatonal atacameño, se encuentra atestado de agencias que ofrecen tours infalibles, capaces de satisfacer el instinto aventurero y/o la necesidad de selfies–a veces, obsesiva–de los viajeros. Valles, formaciones rocosas, lagunas, volcanes y géiseres componen paisajes que nos arrebatan el aliento y que debemos contemplar al menos una vez en la vida. Visité este pueblo por primera vez hace tan solo unos días. Floté en agua salada, me encaramé en miradores de piedra, admiré el cielo estrellado, deambulé por el cementerio, entré a la diminuta iglesia de Machuca. Me tomé una que otra selfie, también. Mi brújula fue el Licancabur. Pero fuera de ese circuito previamente delineado por los operadores turísticos, y a solo 3 cuadras de la Plaza de Armas, hay un pequeño museo fundado en el año 2008 que no pudo encontrar un mejor lugar que San Pedro para emplazarse: el Museo del Meteorito. A través de una decena de vitrinas, se exhiben casi 80 meteoritos, todos encontrados en el Desierto de Atacama, y que forman parte de una colección que supera los 3.200 ejemplares, atesorada por los hermanos Edmundo (fundador) y Rodrigo Martínez de los Ríos (director). Ambos, desde hace más de 30 años,  han escudriñado los rincones de la pampa en busca de objetos siderales, cuya veracidad es certificada por la NASA, UCLA y CEREGE. 

2019-02-27 12:35:59.231

En un pequeño domo blanco situado en la calle Tocopilla, alfombrado de arena e iluminado con una tenue luz, se despliegan 11 vitrinas temáticas acompañadas de pantallas y paneles informativos que estudian, clasifican e interpretan maravillosos meteoritos de variados tamaños, texturas y cromatismos -¡algunos parecen piedras preciosas y vitrales!- y su peculiar asentamiento en terreno atacameño. Un meteorito es un cuerpo celeste rocoso y/o metálico que cruza la atmósfera de un planeta, dejando una estela de luz llamada meteoro. A esa estela se le conoce popularmente como estrella fugaz. Es decir, cada vez que vemos ese destello lumínico y pedimos un deseo estamos presenciando la epifanía de un meteorito que no alcanzó a llegar a la tierra. Gracias a la claridad del cielo sampedrino, observé muchas estrellas fugaces. No habría pensado que, más tarde, podría mirarlas aun más de cerca.

Tal como se señala en la página web del museo, los meteoritos son piezas claves de “la memoria de nuestro sistema solar”. De hecho, son tan antiguos como el mismísimo sol (o Ckapín, en lengua kunza, el idioma de los abuelos atacameños), pudiendo tener más de 4.000 millones de años de edad. Ellos almacenan la historia de nuestro planeta e, incluso, de nuestros cuerpos, porque participaron de manera activa en su formación. Tenemos en común con los meteoritos que algunos de los componentes básicos de nuestro ADN coinciden con los suyos. Somos un poco aliens. Esa pequeña certeza habría aliviado los temores nocturnos en torno a los extraterrestres que sufrí cuando era chica. Todo esto lo aprendí gracias a la audioguía en español que me entregaron en cuanto entré al museo (pueden pedirla también en portugués, francés, inglés o alemán), que orientó mi recorrido. Todo el conjunto -la guía, las pantallas y los paneles- es muy claro y didáctico. La visita es tan emocionante para un adulto como para una niña; para un especialista como para un curioso de la astronomía.

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¿Por qué el Desierto de Atacama es un espacio propicio para la búsqueda y el hallazgo de meteoritos? ¿Por qué es tan especial que el Museo del Meteorito se haya levantado en este lugar? Este desierto, relativamente antiguo, es el más árido del mundo. Esa virtud permite que los meteoritos sobrevivan a lo largo de miles y millones de años, y que incluso hasta el día de hoy puedan encontrarse ejemplares antiquísimos, como los del sitio de Vaca Muerta o Los Vientos. De hecho, el equipo del museo sale constantemente a cazar meteoritos para someterlos a exámenes y, en caso de que hayan rastreadores interesados, organizan cacerías especiales. No es casual que la exploración astronómica y la investigación arqueología florezcan con tanto vigor en esta zona. El clima hace del desierto una especie de museo al aire libre y los viajeros nos convertimos en sus curadores, en todo el sentido de la palabra, si es que cuidamos el patrimonio extraterrestre del lugar.

Pero no solo las condiciones climáticas hacen necesaria y casi obvia la presencia de un museo de esta naturaleza en San Pedro de Atacama. Según la cosmovisión de los Likan Antai, el pueblo originario de la región, la contemplación del cielo permitía determinar los solsticios y equinoccios que dibujaban su calendario agrícola y ganadero, liderado por las variaciones del Sol o Ckapín y la Mama Luna. En cuanto a las estrellas, al levantar la vista hacia el río celestial (la vía láctea), los atacameños podían admirar a sus muertos convertidos en ellas. ¿Habrán sido los meteoritos los recuerdos palpitantes y, a la vez, petrificados, del amor, la amistad y la familia?

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El broche de oro–o de piedra–de este museo es su área interactiva, que se encuentra al centro del domo. En ella se pueden tocar meteoritos de diversas dimensiones y tipos, y experimentar la mágica atracción entre ellos y el imán, una de las pruebas que certifica la cualidad meteórica de los ejemplares. Tocar un meteorito es tocar miles de años de historia y, según nos cuenta el museo, es acariciar el objeto más antiguo que podríamos acariciar alguna vez.

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Una vez concluido el recorrido podemos incluso llevarnos un fragmento de meteorito a nuestras casas, en forma de souvenir (cuyos precios oscilan entre los 11.000 y 50.000 pesos chilenos) o bien convertido en una pieza de orfebrería o decoración (cuyo costo puede ascender al millón de pesos chilenos). Aun cuando regresen a sus casas sin ninguna joya celeste, como fue mi caso, la experiencia de palpar la piel de un meteorito ya es un recuerdo tangible invaluable. Si viajan a San Pedro de Atacama en busca de las estrellas que coronan el desierto, no pueden dejar de visitar a sus parientes siderales en el Museo del Meteorito.

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Museo del Meteorito
Ubicación: Tocopilla 101, San Pedro de Atacama, Chile.
Horario: martes a domingo, de 10 a 13 hrs., y de 15 a 19 hrs.
Precio: niños (de 4 a 12 años) y estudiantes con credencial: $3.000. Adultos: $3.500
Página web: http://www.museodelmeteorito.cl/