Evento

Jornadas de estudio George Perec en MUAC

por Loreto Casanueva y Javiera Barrientos
Editoras y cofundadoras del CECLI

La tercera y última estación de nuestra gira cultural por Ciudad de México fue nuestra participación en las Jornadas de estudio “Georges Perec y la creación contemporánea”, que se realizaron entre el 23 y 25 de mayo pasado en diversas sedes, entre ellas, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es muy especial para nosotras recordar que la idea de este primer viaje al extranjero como CECLI surgiera gracias a la invitación que Yunuen Díaz, docente de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Morelos y actualmente académica visitante en la UNAM, nos tendió el verano pasado. Terminamos nuestra gira, entonces, por donde partimos. 

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Las Jornadas de estudio “Georges Perec y la creación contemporánea” nacieron como un espacio para reflexionar sobre el legado que el novelista francés ha dejado en el mundo de las letras y las artes visuales, a propósito del aniversario número 50 de la primera edición de su novela La disparition (El Secuestro), una obra que, a lo largo de sus 300 páginas, prescinde del uso de la letra “e”. Este encuentro–cuyo programa completo de actividades pueden conocer aquí–contó con la presencia de especialistas y creadores de todo el mundo, quienes compartieron sus estudios, lecturas, experiencias y performances desde sus diversos saberes, tales como arquitectura, ilustración, literatura, música, edición y filosofía, y congregó a escritores perecquianos como Margo Glantz, Juan Villoro y Fabio Morábito. El cruce disciplinar no es, en ningún caso, azaroso en unas jornadas que se proponen dialogar en torno a Perec. Como miembro activo del grupo de experimentación literaria OuLiPo, creó su inmensa obra a la luz de su pasado como estudiante de sociología, su agudo interés por las matemáticas y sus incursiones en el cine, el teatro y el radioteatro. 

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La mesa de conversación a la que fuimos invitadas a participar el día de la inauguración, “Nunca editar un libro igual al anterior”, fue moderada por David Ortiz y se propuso como un espacio de conversación entre tres proyectos editoriales independientes y la audiencia: Esto es un libro (CdMX), de la mano de sus fundadores Gwennhael Huesca y Tonatiuh Trejo, Gris Tormenta (Querétaro), representada por su editor Jacobo Zanella, y nosotras, como equipo editorial de la revista del CECLI. 

Ambos proyectos editoriales comparten nuestra afinidad material y poética. Esto es un libro propone, desde una perspectiva experimental, la edición y reedición de obras-libro (en palabras del artista conceptual Ulises Carrión) así como el diálogo y la discusión en torno a la factibilidad de pensar el libro como formato viable hoy en día. Cuentan con una Biblioteca de Anomalías Editoriales, conformada por publicaciones anómalas que, como ellos mismos señalan, “desde sus padecimientos, taras, desviaciones y propuestas desdibujan los límites de lo editorial”. Desde esta impronta, su catálogo contiene obras insignes de la poesía y la edición conceptual como 5 metros de poemas del poeta peruano Carlos Oquendo, Manual de simbología para una afección cardiaca del poeta estadounidense Jonathan Safran Foer y La hinteligencia militar, conocida obra paródica publicada durante la dictadura militar en Chile. Estarán prontamente en nuestro país en el marco de la feria de arte impreso Impresionante, a realizarse en octubre del presente año en el Museo de Arte Contemporáneo del Parque Forestal, donde podrán deleitarse con su obra.

Gris tormenta, por su parte, es un taller editorial que imagina, edita y publica libros que reflexionan sobre la cultura y el pensamiento contemporáneo. En esta línea, dentro de su colección Disertaciones encontramos la antología de narraciones en torno a George Perec Lo infraordinario, dentro de la cual es posible encontrar un fragmento del autor chileno Gonzalo Maier, a quien entrevistamos a raíz de publicación de su libro El libro de los bolsillos, hace unos años. 

Así, sostuvimos un creativo diálogo con nuestros colegas mexicanos, en el que enfatizamos colectivamente los valores de la amistad, la curiosidad y la experimentación como motores de nuestros quehaceres, soñamos con colaboraciones futuras e identificamos afinidades temáticas, sobre todo en lo referente a Perec como una especie de inspiración retroactiva e involuntaria. Si bien todos admitimos que el novelista apareció en nuestras vidas después de la fundación de nuestros respectivos proyectos editoriales, coincidimos en que el encuentro con su obra ha sido una especie de brújula del pasado que nos indica que vamos por un buen camino.

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A lo largo de la conversación no solo tuvimos la fortuna de relatar parte de nuestra biografía como centro de estudios, sino también revelamos en qué medida Perec se ha levantado como uno de nuestros patronos, en especial a partir de la lectura de uno de sus más inspiradores textos. Este autor ha sido uno de los poetas que ha hecho brillar en sus páginas el prodigio de lo minúsculo, lo aparentemente insignificante, lo desgastado. En su breve pero intenso ensayo “¿Aproximaciones a qué?”, de 1973, enarbola la bandera de lo infraordinario, una noción acuñada por sí mismo, que releva la vida cotidiana, sus relatos pedestres y, por supuesto, los objetos que la circundan y que la posibilitan. Es un verdadero manifiesto sobre la belleza de lo inútil, que se despliega a partir de una seguidilla de preguntas a sus probables interlocutores: “¿Cómo dar cuenta de lo que pasa cada día y de lo que vuelve a pasar, de lo banal, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual? ¿Cómo interrogarlo? ¿Cómo describirlo?”. Su obra literaria, particularmente sus novelas, son tentativas para responder estas inquietudes que lo acechan y que expresan el fervor y el afán de un creador por su entorno más inmediato y sencillo: “Aquí se trata de interrogar, sea el ladrillo, el hormigón, el vidrio, nuestros modales en la mesa, nuestros utensilios, nuestras herramientas, nuestros horarios, nuestros ritmos. Interrogar aquello que parece haber dejado de sorprendernos para siempre”. 

Perec asume que los sujetos de su tiempo, el convulsionado siglo XX, devoto del consumo y las grandes épicas del periodismo, han sido anestesiados contra la experimentación del deleite de lo común y lo corriente. De tanto manipular las mismas cosas, transitar por los mismos espacios, vestir los mismos trajes, hombres y mujeres han perdido su curiosidad y su capacidad de asombro. Sin embargo, la visión perecquiana, en ningún caso, es pesimista: cree que la creación artística pero, sobre todo, la apelación y la observación cuidadosa a la realidad más prosaica, puede iluminar y reivindicar las zonas infraordinarias de la existencia. A través de sostenidos imperativos, Perec demanda atención por los objetos más cotidianos, en especial, por aquellos que están, literalmente, al alcance de la mano: “Haga el inventario de sus bolsillos, de su bolso. Interróguese sobre la procedencia, el uso y el devenir de los objetos que ha sacado de ahí. Interrogue a sus cucharitas. ¿Qué hay debajo de su empapelado?”. 

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George Perec invita a una verdadera arqueología del día a día. Desde nuestras modestas posibilidades, más de cuarenta años después, hemos tomado la posta. Gran parte de las intervenciones en la mesa de diálogo versaron sobre nuestro interés por rescatar la historia de los artefactos obsoletos, los enseres rotos, las miniaturas curiosas y las herramientas antiguas, en especial, desde el binomio de lo útil/inútil: objetos cuya funcionalidad está desplazada de su forma y materialidad debido a los movimientos propios de la historia. Ante la belleza de lo curioso y antiguo–los viajeros medievales las llamarían maravillas o mirabilias–el ojo y el alma se estremecen. Historiar y preguntarse por las vidas mínimas de las cosas y su existencia más allá del uso práctico, es una forma de reaccionar contra la insolente capacidad readaptativa del mercado, que se obstina en que los objetos sean solo bienes de transacción. 

Paralelo al conversatorio, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo alojaba la exposición política Restablecer memorias, del reconocido artista chino Ai Weiwei, en torno a los 53 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa. Aquí “explora los traumas de las experiencias de China y México en un relato que apela a la obligación de construir memoria social” mediante la desterritorialización de ciertos objetos cotidianos chinos de pequeña y gran escala, y la reconstrucción de imágenes faciales de los desaparecidos a través de piezas de lego. Weiwei explora la ausencia forzada y el índice de memoria que resguardan estos objetos, ahora intervenidos y reconstruidos por el artista.

¡Agradecemos a Yunuen Díaz por su maravillosa invitación y a nuestros increíbles interlocutores de la mesa “Nunca editar un libro igual al anterior”, por la inspiradora plática!